21 diciembre 2010

El mejor testamento del mundo [Un cuento sobre una tradición de fin de año]

La mañana del 31 de diciembre del 2010, M despertó muy temprano para terminar lo que la procrastinación no le dejó hacer durante toda la semana: escribir el testamento de su monigote. La figura de este año no era nada especial, un Nobita de 3 metros que se erguía orgulloso en el patio de la casa. No, no era nada especial. El propósito de M era ganar el concurso de testamentos que organizaba la junta barrial, el premio eran 100 dólares que a M le caerían de maravilla ya que en un arranque de fe ciega aposto todos sus ahorros con un compañero del colegio a que Barcelona clasificaría a la Libertadores. 'Eso es desperdiciar el dinero' le dijo su abuelo, 'y no lo digo por apostar, que vaya que a mi me encanta, pero ¿por qué tenías que apostarle al Barcelona?'. El abuelo de M es también barcelonista, pero un barcelonista con los pies en la tierra.

Mientras desayunaba, M revolvía sus pensamientos en busca de la manera en que debería escribir un testamento genial. Tenía que ser lo más chistoso posible, sin llegar a usar la vulgaridad de los chistes fáciles y el doble sentido. M terminó el desayuno sin decidirse por una sola idea, ni siquiera sabía quién sería el personaje al que representaría. Queria que fuera un político, porque todos los odian pero los políticos ya están berreados. Quería que fuera un deportista pero eso reduciría el espectro de lo que podría dejar el difunto. No tenía la más mínima idea de cómo empezar.

- Mami qué te parece si hago que sea el testamento del loco y que nos deje su guatita y su mochila escolar
- Hmm no sé mijo, mejor haz que sea la ministra esa que copió su tesis, ¿cómo es que se llamaba?
- ¿y yo qué voy a saber? Además de esa vieja no se acuerda nadie, mejor hago sobre Jamil y que nos diga que lo material no es lo importante sino la paz mundial, como dicen las misses.
- No sé mijo ahorita no tengo tiempo para pensar en eso tengo que terminar el relleno y tu ayudame comprando las uvas y las velas y de paso ahí le preguntas a tu tío.

M cogió los 5 dólares que su mamá le dio y salio de la casa pensando en su testamento ganador. Al pasar al lado del Nobita gigante le dieron ganas de patearlo hasta destrozarlo. '¡Nobita pendejo no se me ocurre nada!' , gritó M. Tres calles después y sin dejar de pensar en el testamento y en los 100 dólares, la tienda del tío de M lo recibió con la sonrisa de medio metro del presidente.

- ¿Qué le parece tío si escribo mi testamento sobre Correa y que en vez de dejarnos cosas nos las quite en nombre de la robolución ciudadana?
El tío de M soltó una carcajada pero la tuvo que contener enseguida porque la señora a la que estaba atendiendo en ese momento lo miró con una cara de seriedad que daba espanto, como reclamándole a él por semejante blasfemia del muchacho.
- Me parece perfecta -dijo el tío una vez que la señora dejó la tienda- solo que tienes que agregarla muchas más cosas, hmm por ejemplo que nos deje su sonrisita de Colgate para que nos ilumine cuando el Paute se seque o que nos deje a su equipo el Emelec para que cubra las penas que da el Barcelona
- Ahí si ya habló tonteras tío, con Barcelona no se meta que yo no me meto con su Sietelec.
- Ya deja de ser picado muchacho que el próximo año es todo y dime ya qué viniste a comprar porque hoy cierro temprano y aún tengo que hacer unas cuentas.

M compró las uvas y las velas para su mamá y regresó a su casa. Obviamente pensando todavía en una buena idea para su testamento, o más bien el de Nobita, que se ganó otro regaño por permanecer inmóvil ante la desgracia de M de no poder escribir algo bueno. Las uvas y las velas quedaron sobre la mesa del comedor, las primeras de color verde y las segundas, amarillas; colores previamente designados a la mamá de M por el todopoderoso horóscopo de la revista Vanidades. Sí, M también pensó incluir este asunto de las supersticiones de fin de año en el testamento. Lo pensó nada más. Por ahora.

Pasar un fin de año en Guayaquil no es lo más divertido que pueda haber. Todo el mundo corre hacia la playa más cercana, o la más de moda que siempre es Salinas o Montañita. La familia de M decidió recibir el nuevo año sin salir de la ciudad, festejar con la gente que aun quedaba en el barrio y quemar el viejo afuera de la casa. Es claro que a M esto le pareció una catástrofe y hubiera querido gritarles a sus padres lo fuera de onda que estaban por quedarse en Guayaquil pero como todavía apreciaba su vida no lo hizo y se conformó con plasmar su voz de protesta en el facebook.

Pasó el almuerzo y pasó la tarde y el testamento no se escribía. M estaba a punto de entrar en desesperación. Tenía las ideas, tenía las ironías y las bromas de un humor finísimo pero no tenía definido a su personaje ni al contexto ni a quién se dirigiría. Incluso ya tenía recortada la cartulina negra que pensaba usar. 'Ya sé, voy a hacerlo sobre una persona cualquiera sin nombre que nos deja un montón de catástrofes y problemas en la economía' pensó M. Agarró una hoja de papel y un lápiz y justo cuando iba a escribir la primera palabra se le vino a la mente que podría escribir sobre un niño que se moría y le dejaba a la humanidad todos los valores perdidos. '¡No! Demasiado aburrido, tiene que hacer reír' se recriminó M. Rayó toda la hoja, la llenó de garabatos mientras hacía una lista mental de lo que podría incluir en el testamento: una cirugía de reconstrucción facial para Hugo Chávez, el paquete entero de Wikileaks para Obama, medallas y condecoraciones para los policías rabiosos, un título de presidente para Álvaro Noboa, el campeonato para Barcelona, un canal y un buen apuntador para Carlos Vera, unas clases de dicción para Jorge Ortiz, helicópteros que no se caigan para las fuerzas armadas, la reconciliación para pacos y robaburros, para taxistas y los no-taxistas pero que igual taxean y finalmente para su majestad de Carondelet y su majestad del puerto.

Ya oscurecía y M seguía pensando y pensando sin parar hasta que se le ocurrió buscar en internet algún testamento. Primero quiso buscar inspiración, luego se dijo que talvez podría copiar una que otra frase y finalmente se propuso buscar uno bien refundido y hacerle el copypaste y 'ojalá que nadie se de cuenta porque ese premio me lo gano yo'. Luego de pasar por una media docena de webs, M empezó a darse cuenta de que en realidad nunca antes había escrito un testamento ni algo que se le parecía, y que tampoco había visto muchos. Todos los ejemplos que encontraba estaban escritos en verso y con una rima muy ingeniosa. Notó que eso era parte esencial del texto y su desilusión fue tan grande que cerró todo y rompió la cartulina que había preparado. Apagó la luz y se acostó en la cama hasta que su mamá lo llamó para cenar.

Bajó las escaleras y en el comedor vio a la mitad de su familia conocida, reunida alrededor de la mesa principal, todos vestidos de blanco y con una vela entre las manos a la altura del pecho, como si alguien se fuera a casar. M era el único que vestía de un color diferente. Después de la cena y de despachar dos pavos y medio, la familia entera salió a la calle para reunirse con el resto del barrio y organizar la quema del viejo. M sacó a Nobita a punta de patadas y fue el último en salir de la casa. Por un momento pensó que podría escribir algo rápido con rimas fáciles y alusiones a su propia familia pero le ganó el descontento y colocó al gigante de lentes en el lugar de ejecución encima del Chavo del ocho y de unos cuantos pokemones y políticos nacionales.

El tío de M se le acercó y en un susurro le dijo 'No te preocupes loco que ya tengo todo arreglado para que te ganes ese billuzo'. M se quedó con la cara desencajada sin saber qué responder, no pudo decirle que el mejor testamento del mundo había quedado en ideas, ganas y papel roto.
A eso de las once de la noche el tío de M y otra vecina recogieron todos los testamentos y los colocaron en un cordel donde todos los podían leer mientras el jurado de vecinos los calificaba. Pasaron unos minutos hasta que se le entregó el resultado oficial al tío de M en un trozo de papel. Los vecinos se reunieron en torno a él, los monigotes esperaban su sacrificio y el reloj avanzaba hacia las doce. El tío de M se puso los lentes y con extrema seriedad levantó el papel hasta su rostro, lo leyó y, dirigiéndose a todos, habló:
- y el ganador por el mejor testamento del viejo es... ¡Mi sobrino, carajo!